El baño de nuestro perro

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Por norma general, no se recomienda el baño frecuente de nuestros perros por una sencilla razón: su piel, al igual que la nuestra, actúa como barrera protectora frente a las agresiones externas, y dispone de unas poblaciones de microorganismos (bacterias y levaduras) que se verían dañadas por un exceso de productos higiene.

Antes de bañar a nuestro perro debemos descartar que sufra algún tipo de proceso patológico, como por ejemplo una infección. Generalmente son patologías muy vistosas, y el veterinario hará las pruebas necesarias para determinar la causa y establecer un tratamiento. En muchos casos el tratamiento consiste en baños con un champú especial (a base de antiséptico o componentes antiparasitarios), que hay que aplicar con alta frecuencia – hasta 2 veces por semana – durante un periodo determinado de tiempo. Si nuestro compañero tiene la piel atópica, deberá usar un champú para ésta condición toda su vida.

Si nuestro compañero tiene la piel sana, disponemos de distintos champús en el mercado para diferentes tipos de pelaje y de color. Los más usados son para pelo corto, para pelo largo, pelajes negros, pelajes blancos y champú suave a base de aloe vera o avena, para aquéllos perros que tengan piel sensible y que se irrita fácilmente (muy típico de bulldogs). También existen champús especiales para los cachorros.

La frecuencia del baño se establecerá en función de la suciedad que acumule nuestro perro, pero nunca deberíamos bañarle más de una vez al mes. Los perros que viven al aire libre tienen más tendencia a acumular restos vegetales y barro; en estos casos es importante hacer un cepillado diario y limpiar con toallitas húmedas o un trapo humedecido. Otros perros se bañan cada semana en el mar, entonces lo que podemos hacer es limpiarles con agua dulce para retirar el exceso de arena y de sal, sin usar champú. Hay que ser cuidadoso al limpiar la cara y las orejas, para evitar que el champú entre en contacto con los ojos y los conductos auditivos.

Es importante leer la etiqueta y seguir las recomendaciones del fabricante en cuanto a cantidad de producto utilizado, y hacer un aclarado a conciencia para evitar que queden restos en la piel del animal.

Por último y no menos importante, al finalizar debemos eliminar el exceso de agua con una toalla y secar bien al animal con un secador. Algunos perros tienen mucho miedo, por lo que deberemos habituarle desde cachorro, utilizando premios y siendo pacientes. Sobretodo, debemos controlar constantemente la temperatura para no quemar el pelo y la piel de nuestro perro.

Los propietarios que tengan pereza de usar el secador, deben saber que si dejan a su perro húmedo, éste olerá a “perro mojado”, a diferencia de si lo secan con secador.

¡Feliz baño!

Profesora Veterinaria de Campus Superior.

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